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El anime como cultura de una generación

Bolas mágicas, armaduras doradas, monstruos digitales, ladrones, gatos cósmicos… la década de los noventa dio para mucho.

Somos de esa generación que al escuchar las canciones (opening /Endings) de ciertos animes.  La cantamos con orgullo,  porque nos traslada a aquella época de nuestra niñez y que hoy en día  esa generación adoptó el término otaku como algo digno de reconocer, sin importar que su significado real implique algo despectivo y grosero. Lo abrazamos con cariño y nos enorgullece llamarnos así.

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Esa generación que sin saberlo veíamos animes como Candy Candy, Mazinger Z o Astroboy, de cuando un grupo de jóvenes hizo su triunfal aparición en la tele ecuatoriana con luchas sangrientas para salvar a una diosa reencarnada. Cuando la única manera de levantarnos temprano un sábado o domingo por la mañana era para ver que sucedía en la vida de Serena y sus amigas, si encontrarían a la Princesa de la Luna o disfrutábamos del festival de los robots, aun cuando al terminar el episodio regresaras a la comodidad de tu cama a seguir durmiendo, eso si no tenías televisión en tu cuarto y lo mirabas desde la sala de tu casa.

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Durante los años noventa la situación de las series de animación japonesa en nuestro país dio un giro de ciento ochenta grados gracias a la cantidad de obras de calidad que se llegaron a ver en televisión. Aunque, si hay que destacar una en concreto esa es Dragón Ball, ya que fue el anime que empezó con  el espíritu de soñar en Ecuador  al ver cuyo héroe de peinado puntiagudo, a quien vimos crecer, casarse, tener familia, morirse un par de veces para que al final volviera a ser niño. Ese Sayajin que cuando se enojaba se ponía amarillo del coraje, quien nos hizo creer que al juntar 7 esferas nuestros deseos se harían realidad o que al alzar las manos al cielo, estábamos contribuyendo en la salvación universal.

Esa cultura se ha vuelto más que una moda, un arte que implica conocimientos de costura, diseño y porque no, hasta teatrales. Los fanarts han transformado dibujantes, aquellos que comenzaron copiando los dibujos de sus series favoritas, ahora son grandes talentos a los que desgraciadamente les falta reconocimiento, pero no por eso dejan de ser creativos. Ahora se escuchan canciones en idiomas desconocidos, que suenan gracioso y tarareamos aunque no sepamos su significado, nos hacen brincar, bailar y llorar, hasta rogamos porque alguno de los grupos que las interpretan visite nuestras tierras, cosa que ya han comenzado a suceder y para muestra basta los diferentes eventos de este año.

 

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La Comic Con Ecuador incremento su público en este año

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En el último día de la Comic Con Ecuador 2017 hubo más afluencia de público. Uno de los atractivos fueron los cosplay de personajes como Harley Queen y Batman.

Sobre esta segunda edición algunos expositores mencionaron que superó las expectativas respecto a la primera. “Creo que el tener a más actores internacionales de Comic ha sido bueno. Flash, Cat Woman, y ‘The Walking Dead’ realmente han generado mayor afluencia de público”, comenta Jairo Guerrero, ilustrador digital ecuatoriano.

Paula Navarrete, una de las asistentes sugirió que debe mejorarse el espacio entre stand porque “las personas se chocan con otras”.

“No se puede apreciar mucho porque hay mucha gente, pero en general me ha parecido todo muy bien”, mencionó Navarrete, quién acudió disfrazada de Batichica junto a unos amigos.

Talleres de maquillaje, bailes y desfiles Cosplay además de la presentación del personaje Riuk y un espectáculo musical son las actividades que se prevén para el cierre de esta Comic Con.

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Fernando Flores, presidente del evento, aseguró que el año pasado asistieron 21 mil personas y que en esta edición el número ha incrementado. “Una de las ventajas fue el incremento el espacio. Antes contamos con dos mil metros cuadrados con 30 tiendas comerciales. Ahora son seis mil metros con el doble de tiendas.

Estamos orgullosos de haber visto crecer el mundo del anime/manga en nuestro país y que ahora podamos hablar más abiertamente de nuestro fanatismo, aunque por ahí todavía hay gente que nos llama raritos. Ahora que muchos de esos fans somos adultos, algunos con familia, trabajo y otras tantas responsabilidades, es bueno saber que no hemos perdido el amor que le tenemos a aquella importación japonesa, ha cambiado eso es cierto y a lo mejor ya no vemos lo mismo, pero seguimos teniendo ese corazón otaku que nació cuando vimos por primera vez esas caricaturas de grandes ojos y colores llamativos.

 

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