¿Se valora el diseño en Ecuador?

¿Qué tan difícil se vuelve para un diseñador la actividad de vender su trabajo? En Ecuador no existe una cultura de consumir diseño: el cliente piensa que debe ser gratis.

 

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Uno de los principales dilemas que encontramos los diseñadores es saber cuánto debemos cobrar por nuestro trabajo. La respuesta aparentemente parecería simple: cobrar lo que debemos; pero lo difícil es aprender a valorar el propio trabajo. La experiencia cuenta y mucho, pero adicionalmente existen otros factores que influyen al poner precio al trabajo independiente de diseño. Y algunos de esos factores, lastimosamente, son ajenos a nuestro control.

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En Ecuador, principalmente, no existe cultura de consumir diseño. Las principales ciudades están llenas de locales cuyo principal negocio es la reproducción digital de documentos, y en sus rótulos se puede leer que ofrecen los servicios de diseño gráfico. Generalmente las personas que allí trabajan no son diseñadores; quizá hayan tomado cursos de manejo de algún paquete de software que nosotros manejamos, pero nada más. Su proceso de «diseño» se limita a elaborar piezas gráficas sin un concepto que las soporte. Esta situación es muy lamentable, puesto que al momento de ofertar nuestros servicios de diseño debemos competir contra estos negocios que, por ejemplo, entregan logotipos que se limitan a adquirir o redibujar imágenes de bibliotecas en línea por un precio que no justifica ni los costos de trabajo de un profesional.

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El problema no radica en esos negocios sino en nosotros mismos, los diseñadores, quienes no valoramos nuestra profesión como tal. Por no perder un cliente nuevo no cobramos lo que realmente vale nuestro trabajo. Siendo los principales gestores del reconocimiento del diseño como profesión debemos entender que, por más que duela perder un cliente, a la larga es más beneficioso dejar ir a una persona que no aprecia nuestro trabajo. Al final del día ese tipo de clientes son los que más dolores de cabeza nos traen y el cliente debe entender que un buen diseño cuesta pero a la larga el mal diseño resulta más caro.

Las pautas que debemos seguir parecen simples: el primer paso es saber costear el tiempo de trabajo para elaborar un proyecto, cuántas horas nos tomará conceptualizar, bocetar, afinar detalles, en fin, el tiempo que nos toma diseñar un proyecto determinado. Con esto definido es importante establecer el valor de nuestra hora de trabajo. Al final, una simple operación matemática en la que multiplicamos horas de trabajo por el costo que hemos determinado nos da el costo del proyecto. En este punto es muy importante apelar a la ética profesional del diseñador, ya que si un cliente accede a negociar un proyecto con nosotros es conveniente presentarle un estimado lo más cercano a la realidad. Así empezamos una relación de confianza con un prospecto que, de sentirse satisfecho, será un cliente frecuente. En caso contrario, si tomamos la errónea decisión de querer ganar más de lo debido, tarde o temprano el cliente notará que algo no está bien y lo perderemos para siempre. Lo grave es que un cliente perdido por este tipo de situaciones hablará mal de nosotros ante sus conocidos y estaremos generando una mala imagen por una decisión equivocada.

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Otro factor a tener en cuenta al realizar el costeo de un proyecto es el uso de materiales. Si es necesario presentar una maqueta, piezas gráficas o algún producto físico como parte del proyecto, debemos realizar un presupuesto de los costos de adquisición de estos artículos. Si bien es cierto que traspasamos a nuestro cliente esos costos, hay que añadir un incremento justificable, incluso por temas tributarios; no es posible comprar artículos a un precio y después de transformarlos cobrarle al cliente el mismo valor. Debe existir un incremento por el proceso de transformación para llegar al producto final. Es importante saber que al presentar facturas a empresas o agentes de retención, estos están obligados a retener un porcentaje definido por ley; así que, cuando elaboremos la factura final debemos estar protegidos de esta retención y así obtener una ganancia por la elaboración del producto.

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La imagen que proyecta un diseñador es uno de los factores más importantes en la gestión de diseño. Si bien es cierto que el trabajo de diseño no va con traje y corbata, sí es necesario presentarse ante los clientes con una imagen profesional: desde la vestimenta hasta la puntualidad. Un verdadero profesional que desee valorar su trabajo en la rama que sea siempre deberá proyectar una imagen seria y responsable. Llegar a una reunión puntualmente, presentarse correctamente vestidos y la entrega de proyectos y trabajos a tiempo generará la confianza de la que se habló en líneas anteriores, elemento imprescindible en cualquier relación, y más si es de negocios.

No existe una receta para vender y gestionar diseño, pero cuando empecemos a valorarnos como profesionales el cliente nos valorará también. Actualmente el diseño en Ecuador es una tarea que desea hacerse respetar, pero que todavía encuentra piedras en el camino. Afortunadamente existen proyectos para generar una cultura de diseño y llevar al público a que lo consuma. Pasará algún tiempo hasta que eso suceda, y mientras tanto quienes nos aventuramos a hacer diseño en este país tendremos que luchar día a día contra las adversidades presentes.

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